El establecimiento de una persona autorizada puede preferirse a la conclusión de un contrato de trabajo, al menos desde una perspectiva fiscal. El problema reside en el riesgo de recalificar la actividad como dependiente.
El establecimiento de una persona autorizada puede preferirse a la conclusión de un contrato de trabajo, al menos desde una perspectiva fiscal. El problema reside en el riesgo de recalificar la actividad como dependiente.